Dra. Estefany Carlis. Ginecóloga integral. Ginecología funcional y estética.
Lo que toda mujer debería saber sobre el cuidado vulvovaginal.
Durante años, muchas mujeres crecimos escuchando que la zona íntima necesitaba perfumes, duchas vaginales o productos especiales para mantenerse "limpia". Sin embargo, hoy sabemos que la salud vulvovaginal depende mucho más del equilibrio que de la limpieza excesiva.
La vagina tiene su propio sistema de protección.
La vagina alberga millones de microorganismos beneficiosos, principalmente lactobacilos, que forman parte de la microbiota vaginal. Estos microorganismos cumplen funciones fundamentales: mantienen un pH ácido protector, dificultan el crecimiento de bacterias y hongos perjudiciales, ayudan a prevenir infecciones, contribuyen al confort y bienestar vulvovaginal.
Cuando este equilibrio se altera, pueden aparecer síntomas como flujo anormal, irritación, ardor, mal olor o infecciones recurrentes.
La vulva y la vagina no son lo mismo.
Un error frecuente es usar ambos términos como sinónimos.
La vulva es la parte externa de los genitales femeninos, mientras que la vagina es el conducto interno.
La vagina tiene mecanismos propios de limpieza, por lo que no necesita duchas vaginales ni productos agresivos para mantenerse sana.
La vulva, en cambio, puede beneficiarse de una higiene suave y respetuosa de su fisiología.
Hábitos que ayudan a cuidar la microbiota vaginal.
Pequeñas acciones cotidianas pueden marcar una gran diferencia:
Elegir ropa interior transpirable
Los tejidos naturales, como el algodón y el bambú, favorecen la ventilación y ayudan a mantener un ambiente más confortable para la piel de la vulva.
Usar productos tipo Syndet.
Elegir productos de higiene no agresivos que respeten el PH genital en pequeñas cantidades y en lo posible una sola vez al día para la higiene vulvar.
No realizar duchas vaginales y evitar el uso del bidet.
Lejos de ayudar, suelen modificar el equilibrio natural de la microbiota.
Evitar el uso de protectores diarios y la ropa interior sintética.
Estos pueden alterar la barrera natural de protección al generar humedad y exponernos a productos irritantes en contacto directo con la piel, generando irritación, picazón, flujo, mal olor, infecciones genitales entre otras molestias.
Cambiar la ropa húmeda lo antes posible.
Después de hacer ejercicio o pasar tiempo con la malla mojada, es recomendable cambiarse para evitar la humedad prolongada.
Dormir sin ropa interior.
Dejar que la zona intima respire por las noches suele ser muy beneficioso para restaurar el equilibrio natural.
Consultar ante síntomas persistentes.
La picazón, el ardor o los cambios en el flujo no siempre significan una infección por hongos. Un diagnóstico adecuado es fundamental para indicar el tratamiento correcto.
Menos agresión, más equilibrio.
La salud vulvovaginal no se trata de esterilizar ni perfumar la zona íntima. Se trata de respetar su funcionamiento natural, aceptar su humedad natural y aroma.
Entender cómo funciona nuestra microbiota y adoptar hábitos saludables puede ayudarnos a sentirnos más cómodas, prevenir molestias y construir una relación más amable con nuestro cuerpo.
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